Cómo crear lavanderías seguras para garantizar procesos de desinfección y lavado óptimos

Cuando hablamos de lavar o desinfectar prendas o tejidos, la mayoría de nosotros, pensamos únicamente en el propio proceso de lavado. Sin embargo, hay múltiples factores y circunstancias que se tienen que tener en cuenta para que un proceso de lavado y desinfección termine con éxito. En las lavanderías de los hoteles, de las residencias de mayores o de los hospitales, este aspecto es vital ya que son las encargadas de velar para que toda la ropa esté correctamente tratada, garantizando así una correcta esterilización que contribuya a generar un entorno seguro.

Por eso, en Girbau, defendemos la importancia de las buenas praxis en lavandería para generar un entorno seguro, sobre todo ahora que la pandemia de la Covid-19 así lo exige, para clientes, usuarios o pacientes y, para ello, ponemos a disposición del sector todo nuestro know-how para ayudarles a dar respuesta a los retos actuales.

El diseño, primer punto fundamental a tener en cuenta

Este tipo de lavanderías, donde se mueve un volumen muy elevados de ropa, deben diseñarse siempre teniendo en cuenta que tienen que ser capaces de poder procesar todo este volumen de manera eficaz. Así pues, es vital poder establecer un flujo higiénico de circulación de la ropa, pero ¿cómo se consigue esto? Para empezar, hay que distribuir el espacio de trabajo en tres grandes áreas: zona de selección de ropa sucia, zona de lavado y zona limpia, que incluye secado, calandrado y plegado, y contar con dos puertas completamente opuestas, una para la entrada de ropa sucia y otra para la salida de la ropa limpia. Estas áreas deben estar perfectamente delimitadas y la ropa sucia debe seleccionarse en un espacio cerrado y con acceso directo a la zona de lavado.

Transporte y recogida de ropa, uno de los momentos más delicados

A menudo no se le da a este proceso toda la importancia que se merece y esto es un grave error, puesto que en el manejo tanto de ropa sucia como limpia se corre el riesgo de que una prenda limpia pueda volver a contaminarse. Así pues, aparte de utilizar las medidas básicas de higiene, hay que poner especial atención en otros factores, como recoger toda la ropa de la habitación antes de empezar la limpieza, separar la ropa según el grado de suciedad o el tipo o utilizar sacos hidrosolubles para la ropa sospechosa de ser infecciosa.

 

El lavado y el secado

Aunque la ropa salga totalmente limpia y desinfectada del proceso de lavado, se puede volver a contaminar por microorganismos que se encuentran en el aire, en las superficies y en las manos de los operarios y, por eso, hay que seguir también unas normas básicas de higiene. El secado y el planchado no son sólo la imagen final de la prenda, sino que contribuyen de forma definitiva en el ciclo de desinfección iniciado en el proceso de lavado. Por eso es importante establecer un flujo de trabajo que limite al máximo las veces que se manipula una misma prenda, cargar las secadoras con lotes completos y prestar atención a los parámetros de secado y calandrado, ya que un secado incorrecto favorece el posterior crecimiento de microorganismos.

Zona de doblado y expedición de ropa limpia, piezas claves para finalizar el proceso con éxito

Todo el trabajo que se hace en la lavandería puede ser inútil si no se cuida la ropa limpia. El orden en esta zona es primordial y los sistemas de entrega y reparto se deben efectuar con la mayor brevedad posible. La ropa se debe embolsar con sistemas micro perforados de embolsado o transportar en carros cerrados, distintos de los de recogida de ropa sucia.

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